miércoles, 3 de diciembre de 2008

The Fountain (2006)

¿Qué se puede decir de la obra de Darren Aronofsky?.
Para unos es un genio, un visionario de la imagen, un magnífico escritor de guiones y un artista arriesgado que se preocupa mucho más por contar una historia que por llenar las salas de cine.
Para otros es un pedante, un incomprensible, un sobrevalorado y un pretensioso.
Yo sin duda, me cuento entre los admiradores de este autor, que con cada nueva creación nos lleva a lugares de nuestro inconciente que pocas veces nos atrevemos a explorar. Historias que van desde el rebuscadísimo guión matemático-filosófico de "PI", que le valió el premio de mejor director en el festival de Sundance, hasta la terriblemente estremecedora trama de "Requiem for a Dream" (adaptación de la novela de Hubert Selby Jr.) que puso la piel de gallina a miles de espectadores y que además maravilló por su técnica estética, así como por la increíble música de Clint Mansell, que ha sido colaborador asiduo de todas sus películas.
Ahora, justo antes de que salga su cuarta película "The Wrestler", vuelvo a analizar la que probablemente sea su obra más grande, ambiciosa y de mejor factura.
The Fountain es sin duda mi película de ciencia ficción favorita. Supongo que al terminar de verla sentí lo mismo que los espectadores de la Odisea 2001 de Kubrick hace unas cuantas décadas, ya que no exagero al decir que esta película en unos cuantos años se revalorará como un momento cumbre en la historia del cine.
Cuando se dió a conocer la noticia de que Aronofsky dirigiría esta cinta, la crítica se sorprendió por el cambio de temática del director, que ahora planteaba la reinvención de un género que aparentemente estaba en una decadencia centrada en la infinita repetición de ideas. Cuando fue cuestionado acerca de si iba a hacer una especie de película "a la Matrix", el respondió: "We've seen it all. It's not really interesting to audiences anymore. The interesting things are the ideas; the search for God, the search for meaning". Y precisamente ese es el trasfondo en The Fountain, que se convierte en la película de ciencia ficción más interiorista y hermosa desde el Solaris de Tarkovski.
La historia se divide en tres partes, que a la vez son una sola según la interpretación que se le quiera dar a la película. La primera, que conforma el eje de la película, es la historia de un médico que busca la cura para el cáncer que padece su esposa. La mujer, en su convalescencia, escribe una novela acerca de un conquistador español que por órdenes de la corona se embarca en la búsqueda del árbol de la vida. Esta historia se intercala en la pantalla con la del médico y con la de una especie de viajero intergaláctico, que viaja dentro de una nave esférica, con el objetivo de llevar el árbol de la vida hacia Xibalba (el inframundo mítico de la cultura Maya, donde los muertos sufren un renacimiento) antes de que se seque y muera.
La película va desarrollándose a través de una historia que aunque sencilla al principio, alcanza niveles de complejidad narrativa y filosófica magníficamente planteados y resueltos, hasta llegar a un clímax que crea uno de los momentos cinematográficos más memorables que haya tenido la oportunidad de ver en los últimos años.
Las actuaciones de Hugh Jackman (conquistador, médico y viajero) y Rachel Weisz (reina y esposa del médico), son las mejores que les he visto. La música compuesta por Clint Mansell e interpretada por Cronos Quartet y la banda escocesa Mogwai, es tan buena que tuve que buscar el soundtrack por cielo mar y tierra hasta tenerlo en mis manos. Y finalmente el desarrollo visual de la historia es francamente increíble, con fotogramas que podrían ser cuadros hiperrealistas fantásticos como el que les pongo al final de esta reseña.
Espero que concuerden conmigo y que pronto vean esta obra maestra del cine moderno, que tristemente se encuentra en la actualidad tan carente de ideas frescas.

3 comentarios:

Kzllxr dijo...

Hoy apenas vi esta película y debo decir que tienes toda la razón, una película hermosa en todos los sentidos, el Soundtrack es fabuloso, en lo visual ni se diga, pero la historia, la forma en que se presenta y las reflexiones filosóficas y personales que uno intenta deducir, es francamente una de las mejores películas que haya visto,el final, la forma en que se conectan las historias y al mismo tiempo una confusión que te obliga a verla de nuevo... me ha gustado mucho.
Aun así no creo haber comprendido toda la película, no creo haber comprendido del todo al director,simple y sencillamente porque es una película con múltiples interpretaciones y porque Aranofsky se ha dedicado de hacer una obra que es difícil de asimilar y que requiere ser vista más de una vez.
Algo que me molesto bastante es el recibimiento de la critica, creo que de entre tantas injusticias con tantas películas este es de los que más me ha dolido, incomprendida en muchos sentido, pero supongo que así es mejor.

Fando dijo...

Si, en efecto le han pegado mucho a esta cinta que sin duda es de mis favoritas.

En realidad puedes interpretar el final como tú quieras. Yo me inclino a pensar que el viajero de la burbuja es el viaje interior que debe realizar el hombre para comprender que debe dejar morir a su mujer. Sin embargo creo que las teorías se inclinan por algo más literal asumiendo que es un viajero en el año 3000 o algo así. La ventaja es que como no lo especifica puedo seguir manteniendo mi teoría y disfrutarla cada vez que la veo.

Saludos

Geovani dijo...

Estoy de acuerdo, es muy hermosa. Yo percibí la trama como un mismo momento de aprendizaje sobre lo fugaz y cíclico de la existencia, y que hace referencia a la cosmovisión mesoamericana para dar un visión de la muerte como necesaria para la creación.
El investigador Alfredo López Austin tiene mucho material acerca del árbol cósmico, acá dejo un fragmento:

“Tamoanchan es el gran árbol cósmico que hunde sus raíces en el Inframundo y extiende su follaje en el Cielo. Las nieblas cubren su base. Las flores coronan sus ramas. Sus dos troncos, torcidos uno sobre otro en forma helicoidal, son las dos corrientes que en su lucha producen el tiempo.
Tamoanchan es uno en el centro del cosmos. Es cuatro como conjunto de postes que separan el Cielo del Inframundo. Es cinco en la totalidad.
Tlalocan es la mitad del árbol cósmico. Es su raíz hundida para formar el mundo de los muertos, del cual surge la fuerza de la regeneración. Es también uno de los dos troncos torcidos: el oscuro, frío y húmedo.
La otra mitad del árbol es Tonáthiu Ichan. Forma las ramas de luz y fuego en las que se posan las aves. Son estas las almas de los distinguidos por los dioses celestes. Entre el follaje nacen y de ahí se derraman las diferentes flores de los múltiples destinos. Tonátiuh Ichan es también el tronco caliente.
Tamoanchan, en conjunto, es la guerra, el sexo, el tiempo, la cancha del juego de pelota.
Hasta aquí alcanzo una primera aproximación al Árbol Florido en general, sus raíces y la parte fría de su tronco. Queda pendiente la otra mitad del árbol, la copa de flores embriagantes, de néctar y de aves. Es un reto.”

Alfredo López Austin en Tamoanchan y Tlalocan. FCE, 1994. Pp. 225

https://youtu.be/vwLDHJJ7AMg
También les comparto este link a un documental sobre Tula basado en el libro "Arqueologías del Espejo. Un acercamiento al espacio ritual en Mesoamérica" de Alberto Davidoff Misrachi

"Es un dios que se vuelve hombre y un hombre que se vuelve dios, ciclo tras ciclo,
para permanecer en el tejido de la vida, y formar corazones que se muevan hacia todas partes.
No necesitan morir para ir al cielo, necesitan estar íntimamente
ligados a la tierra para permanecer en la presencia de Dios."