sábado, 25 de abril de 2009

46 - Okunen no Koi (Big Bang Love) (2006)

No cabe duda de que Takashi Miike es uno de los directores más interesantes de los últimos 10 años. Desde su peculiar personalidad, hasta su obsesión por dirigir frenéticamente todas las películas que pueda antes de morir (a sus 48 años ha dirigido ya más de 65 películas), el hombre se ha convertido en un personaje mítico de la cinematografía japonesa y mundial.

Sin embargo, la obvia desventaja de este acelerado y cuasi-psicótico ritmo de producción, es la poca homogeneidad cualitativa de sus películas. Con lo que dentro de su filmografía coexisten obras maestras geniales como "Visitor Q", "Ichi the Killer", "Audition" o "The Happiness of the Katakuris", con bodrios tremendos como "Imprint" o "Sukiyaki Western Django". De igual forma, la variedad temática de sus filmes es tan amplia, que ver una obra de Miike obliga al espectador a estar listo para cualquier cosa.

Big Bang Love explora la faceta "sensible" de Miike, entre comillas porque aún siendo una película que pretende ser sumamente sensible, no deja de lado ese aspecto violento que casi siempre acompaña a Miike.

La cinta relata la historia de amor poco convencional entre dos hombres recluidos en una cárcel japonesa, donde desde el inicio, mediante el uso de flashforwards, sabemos que uno de ellos será inculpado por la muerte del otro. Conforme transcurre la película, vamos conociendo las motivaciones de todos los implicados en la historia y la evolución de la versión oficial del asesinato al más puro estilo Rashomon.

En el aspecto visual la película es un triunfo, presentando la historia con recursos visuales/narrativos sumamente innovadores. Sin embargo fracasa en el guión, que pasa de tener un desarrollo muy interesante, a perder poco a poco el ímpetu y hundirse finalmente en un desenlace forzado, pretencioso y ligeramente vacío. A lo que tampoco contribuyen mucho las regulares actuaciones de los diferentes personajes, donde al parecer Miike se preocupó más por conseguir japoneses bien parecidos que grandes actores.

Sin embargo, la película merece la pena por el fantástico tratamiento visual y por la innovación del lenguaje cinematográfico que Miike siempre ha intentado explorar y renovar constantemente.

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