miércoles, 23 de septiembre de 2009

I Spit on Your Grave (1978)

Dirigida y escrita por el poco prolífico Meir Zarchi, esta película es sin duda alguna la cinta slasher/sexploitation por excelencia.

Mucho se ha hablado acerca de que la joven y atormentada Jennifer Hills, interpretada por Camille Keaton, fue la principal inspiración de Tarantino para modelar al personaje de The Bride en Kill Bill, ya que ambas mujeres, inicialmente convencionales, son el arquetipo por excelencia de la heroína que despierta gracias a una serie de eventos traumáticos de suma crueldad, que la transforman en una auténtica diosa de la venganza.

I Spit on Your Grave, también conocida como Day of the Woman, relata la historia de una joven escritora que se retira a una cabaña aislada para escribir su primera novela en completa paz. Para su mala fortuna, en el camino se encontrará con cuatro rednecks que serán sus verdugos durante la primera mitad de la cinta.

El cuarteto, conformado por tres sádicos y un retrasado mental, descubre la ubicación de la cabaña donde reside la joven, decidiendo hacerle una visita que culminará en aproximadamente media hora irrestricta y súmamente explícita de las peores vejaciones que pueden perpetrarse contra una mujer.

El espectador promedio no logrará sobrevivir a la primera mitad del filme, pero si están lo suficientemente enfermos como para seguir viendo la pantalla, la recompensa será una de las más extraordinarias y descarnadas películas de venganza que se hayan filmado jamás. Pletórica en gore y sadismo, la protagonista no dejará títere con cabeza en una salvaje cacería que, además de ser visualmente impactante, representa un gran hito en la cinematografía mundial, al ser la primera cinta que aborda una venganza femenina en los mismos términos violentos con los que tantas veces, dentro de la historia del cine y de la humanidad, se ha vejado al sexo femenino.

A pesar de su ínfimo presupuesto, I Spit on Your Grave triunfa por completo al transmitirle al espectador un sentimiento de absoluta incomodidad, con momentos visuales prácticamente intolerables, pero manteniendo en todo momento un dinamismo que le permite a la audiencia permanecer sentada durante los momentos más álgidos del metraje. Fanáticos de las carnicerías, he aquí vuestra casa.

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