domingo, 7 de marzo de 2010

Un Prophète (A Prophet) (2009)

El día de hoy en unas horas se celebrará la tradicional entrega de los Oscar, el premio que supuestamente destaca las mejores producciones cinematográficas del año, sin embargo Un Prophèthe, que desde mi punto de vista es la segunda mejor película del año, muy probablemente no se lleve absolutamente nada, evidenciando las terribles carencias de este ridículo premio.

Dirigida por el frances Jacques Audiard, que se daría a conocer internacionalmente con la cinta Sur mes lèvres en el 2001, Un Prophèthe relata la condena de un árabe encarcelado por un crímen menor en Francia y su introducción al mundo del verdadero crímen organizado dentro de la prisión.

La visión de Audiard combina de forma espectacular la crudeza del mundo carcelario con el poético universo interno del protagonista, que sufre del don de la premonición y que es acompañado por el espíritu del hombre que asesina para ganar el respeto y la protección de un grupo de corsos que controlan todo lo que ocurre en la cárcel.

Durante dos horas y media el espectador disfrutará de una historia perfectamente balanceada y coherente, que retrata de forma sobresaliente el agreste mundo del cautiverio, en donde la única regla que hay que seguir es la de la lealtad al líder y donde los grupos de poder organizan y operan negocios ilegales millonarios desde sus minúsculas celdas.

Además de la estupenda historia, el otro punto sobresaliente de este filme es su diseño de imagen, ya que Audiard ha logrado crear secuencias de una belleza estética tan impresionante que ponen la piel de gallina. Valiéndose de una gran cantidad de simbolismos que le dan un ambiente intensamente poético a la cinta, esta belleza cinemática que menciono ayuda al espectador a compenetrarse totalmente con la historia. Todo esto se potencia muchísimo gracias al excelente gusto musical de Audiard y al soundtrack original del filme que es absolutamente impresionante.

Las actuaciones de todos los personajes en Un Prophéte son impactantes, destacando sobre todo la del casi desconocido Tahar Rahim, que hace un fantástico trabajo digno de llevarse cualquier premio y la del veterano Niels Arestrup que interpreta al mayor mafioso de la prisión.

Es por todo lo anterior que ver esta cinta es una obligación para cualquier amante del cine. Una obra prácticamente perfecta que devolverá a cualquiera la fé en el cine contemporáneo.

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