domingo, 4 de julio de 2010

Fright Night (1985)

No cabe duda que la mejor fórmula para divertirse es ver una buena película de vampiros ochenteros. La valentía que existió en esa década odiada por el buen gusto, dió lugar a numerosas maravillas de la cinematografía, donde cualquier tipo de exceso era completamente justificado por un tan absurdo como genial deseo de diversión.

Fright Night es la primera película de Tom Holland, el director responsable de presentarnos años después al muñeco Chucky en la famosa Child's Play, que contruibuiría a continuar el camino marcado por Sam Raimi en Evil Dead y a inspirar a cineastas de la talla de Peter Jackson.

El típico adolescente norteamericano ochentero descubre, en una noche de pasión, que junto a su casa se ha mudado un vicioso vampiro. Ayudado por un humano, el colmilludo, que interpreta el galanazo Chris Sarandon, consigue chicas a las que después de seducirlas, devora y corta en trocitos para luego deshacerse de los cuerpos.

William Ragsdale, que actúa como el joven protagonista y que posteriormente, gracias al apabullante éxito de la cinta, saldría en la segunda parte, va descubriendo pistas sospechosas, hasta que en un intento por detener al vampiro llama a la policía y se anota en la lista negra del chupasangre.

Esta típica historia en la que nadie le cree al protagonista hasta que ya es demasiado tarde, está ejecutada con un excelente humor en parte voluntario y en parte involuntario, que sigue al héroe en el intento por convencer a su chica, a un amigo y al presentador de un programa televisivo de vampiros, para que le ayuden a erradicar al villano.

El soundtrack, con los clásicos teclados y bombos con efecto de eco y unos excelentes efectos visuales que me hacen añorar los tiempos en que no existía la computadora, llenan la pantalla de líquidos verdes, sangre falsa, babas, aullidos y gritos, que conquistarán a casi cualquier espectador a pesar de que este no sea demasiado fanático de los vampiros. Un clásico absoluto.


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