lunes, 6 de septiembre de 2010

Mein Liebster Feind - Klaus Kinski (1999)

Aguirre: The Wrath of God, Nosferatu the Vampyre, Woyzeck, Fitzcarraldo y Cobra Verde, cinco obras fílmicas irrepetibles que cimentaron la carrera del genial director Werner Herzog y que dieron origen a una de las relaciones creativas más tormentosas de la historia del cine, la dupla Herzog/Kinski.

En Mein Liebster Feind, Herzog reutiliza la faceta de documentalista que tanto le ha funcionado recientemente y crea una película absolutamente entrañable, donde el tema principal es la brutal relación de amor y odio entre dos genios, sus miedos, sus aspiraciones y su obsesivo deseo de crear arte de primer nivel a cualquier coste.

Con una primera secuencia sobrecogedora, en la que Kinski irrumpe en una especie de seminario cristiano haciéndose pasar por un violento Jesucristo, Herzog mete de lleno al espectador en el mundo surrealista de esa bestia dramática, visualmente imponente, de una fuerza incontrolable, pero que en el fondo ocultaba a un hombre tímido y solitario.

De forma más o menos lineal, el documental recorre la relación Herzog-Kinski a lo largo de las cinco películas en las que ambos artistas coincidieron, pasando por las megalómanas, caóticas y violentas filmaciones de Aguirre y Fitzcarraldo, hasta los momentos más delicados y sublimes de Kinski en Woyzeck.

El asombro y respeto de Herzog por Kinski son evidentes en este maravillosos documental, sin embargo no esperen en absoluto un homenaje desmedido a la figura del actor, ya que en todo momento se mezclan los elogios de Herzog con el coexistente odio que sintió muchas veces a la bestia interior de Kinski.

Mediante una gran cantidad de entrevistas mezcladas con secuencias impactantes de Klaus detrás de cámaras, Herzog forma un extraordinario perfil del actor. Ese hombre al que los indígenas querían asesinar durante la filmación de Aguirre, ese actor que gritaba, ridiculizaba y ofendía a todos por igual, mientras que en su tiempo libre rechazaba a figuras como Pasolini, Truffaut o Fellini. Ese salvaje explosivo, obsesionado con la filmación de la vida de Paganini, que a pesar de su naturaleza fue capaz de dar actuaciones inigualables y que en su intensa simbiosis con Herzog nos demostró los límites de un cine megalómano y absolutamente genial.

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