domingo, 22 de agosto de 2010

Rinjin 13-gô (Neighbour No. 13) (2005)

Los realizadores asiáticos contemporáneos son especialistas en desarrollar historias relacionadas con la venganza. Un grandísimo porcentaje de los filmes que se exportan de Corea del Sur, Japón, Tailandia o China, tienen en sus tramas algún aspecto relacionado con la venganza de algún terrible agravio, que enventualmente se pagará mediante un rebuscado y terrible plan.

El japonés Yasuo Inoue utiliza precisamente ese leitmotiv en Neighbor No. 13, su primera y única película hasta el momento, en donde cuenta la historia de un chico abusado en su infancia por sus crueles compañeros de escuela. Los años pasan y el pequeño se convierte en un trabajador de la construcción que vive su vida de forma tranquila hasta que, por casualidades del destino, el joven delincuente que lo había atormentado se muda con su esposa e hijo al mismo complejo habitacional, es entonces cuando el protagonista comienza a desdoblar su personalidad en una especia de Mr. Hyde sediento de venganza.

La historia, que es bastante simple a pesar de transcurrir en un ambiente narrativo no lineal, está filmada de forma estupenda, cuidando mucho los momentos de tensión y prolongándolos en algunas escenas hasta alcanzar un goce estético asombroso. Todo esto envuelto en un desarrollo de los acontecimientos bastante acertado, que aunque echa mano de los típicos giros de tuerca que todos esperamos, termina generando un producto bastante entretenido.

El conjunto de actores que encarnan a los atormentados personajes hacen un gran trabajo, sobre todo Minoru Matsumoto que interpreta al horrendo álter ego del héroe, una especia de neanderthal que despedazará hasta al mismísimo Takashi Miike, que hace un breve cameo como uno de los incautos vecinos.

Neighbor No. 13, a pesar de no ser ni remotamente uno de los mejores thrillers que he visto, es un filme interesante que vale la pena revisar por su fuerza estética y para pasar un buen rato con una historia de horror y venganza, ubicada en una sociedad circular, en donde los hombres pasan sus vidas construyendo complejos habitacionales que serán habitados por sus hijos, que a su vez construirán los complejos habitacionales de las siguientes generaciones, en un sinsentido vital incluso más aterrador que la violenta trama de la película.


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