lunes, 11 de octubre de 2010

The Ghost Writer (2010)

El poder es una maldición terrible. Conforme el ser humano escala la pirámide social que él mismo ha construido, los límites y normas que antes lo obligaban a desarrollar una convivencia mesurada con sus congéneres comienzan a desaparecer. Este es el tema principal de The Ghost Writer, la más reciente película de Roman Polanski, que después de su adaptación de la clásica novela de Dickens, Oliver Twist, vuelve a dar un giro radical a sus temáticas fílmicas con este thriller político.

La trama es simple. Un escritor, interpretado por el excelente Ewan McGregor, es contratado por una casa editorial para trabajar como "escritor fantasma" y terminar las memorias del ex primer ministro de Inglaterra. El punto oscuro del asunto es que la autobiografía casi había sido terminada por otro escritor que falleció en circunstancias sospechosas. Poco a poco el protagonista se verá inmiscuido en una densa trama de traiciones y dobles lealtades, que se complicará a raíz de una fuerte acusación en contra del ex mandatario.

En esta nueva ficción, Polanski rechaza el recurso tan utilizado en los thrillers modernos de complicar demasiado la historia, para elaborar en vez de eso un retrato equilibrado y acertado de la terrible soledad y alienación que genera el poder, dando al espectador apenas una pequeña probada de la increíble omnipotencia que tienen las organizaciones sociales a las que voluntariamente nos hemos sometido.

Sólo pueden extrañarse en esta película los festines visuales a los que Polanski nos había acostumbrado últimamente, sin embargo es también cierto que en este tipo de cine tan trepidante, introducir a la fotografía como otro factor dominante podría actuar en contra del ritmo y la percepción de la historia.

La agilidad narrativa de Polanski es estupenda y durante poco más de dos horas logra mantener al espectador completamente absorto en una historia que además concluye con gran inteligencia. Sorprendente es también el nivel de las actuaciones, reflejo de las excelentes decisiones de Polanski para escoger al reparto, ya que incluso Pierce Brosnan, al que nunca le había visto nada interesante, desarrolla a la perfección su papel.

La conclusión del filme es simple y directa, no tenemos ni idea de lo que ocurre en las altas esferas de poder que deciden el orden social del mundo. Nuestras opiniones, basadas en juicios de valor que se fundamentan en percepciones instantáneas y viscerales, no alcanzan ni remotamente a intuir la forma en que la política juega con el orden mundial. Y después de ver este filme, tal vez sea mejor no saberlo.