lunes, 6 de junio de 2011

My Winnipeg (2007)

Injustamente anónima es la filmografía de Guy Maddin, director canadiense que con sus trabajos ha revivido la estética y el proceso fílmico de las películas de la era silente, creando obras maravillosas que han sido alabadas por la crítica pero que por alguna u otra razón quedan completamente excluidas de los circuitos comerciales.

La nostalgia visual que impregna la obra de Maddin no es esa que se adapta a los tiempos y que se filma con una cámara convencional, para luego explotar el grano del filme y añadir efectos antiguos mediante postprocesos digitales. No. La nostalgia de este artista es dogmática y sus planos se ruedan utilizando lentes de anticuario e instrumentos de hace casi un siglo de antigüedad, con una obsesión y una meticulosidad casi enfermizas que producen un resultado simplemente impactante.

My Winnipeg es el más reciente largometraje de Maddin, a quien le propusieron la idea de hacer un documental sobre su ciudad natal, transformando el proyecto en un exorcismo personal, que se cuenta como un relato que mezcla la ficción de la vida de Maddin con los mitos que encierra la ciudad de Winnipeg, elaborando una desenfrenada fantasía en la que los hechos históricos se funden completamente con las licencias narrativas de un artista que nunca deja de sorprenderme.

La extraordinaria Ann Savage, quien pasó a la historia por su papel en Detour, uno de los grandes clásicos del cine noir, da vida a la madre del protagonista de este falso documental, un hombre que nos cuenta su historia desde el tren que espera lo ayude a escapar para siempre de Winnipeg, ciudad a la que desprecia pero cuya poderosa influencia le impide alejarse de ella.

En esta ocasión el estilo visual del filme mezcla grabaciones modernas esporádicas con una base de secuencias filmadas con el típico estilo silente de su autor, que son capaces de llevar al espectador a un goce visual hipnótico pocas veces experimentado en el cine contemporáneo y de generarle una confusión aún mayor acerca de los planos que son reales y los que son ficción. Independientemente de esto la sucesión de todas las situaciones es magnífica, y el dramatismo de las escenas en las que la supuesta madre de Maddin ejerce su papel de absoluto control contrastan con historias que, en caso de ser falsas, son producto de una imaginación desbordante.

Narrada por el propio Maddin, quien guiará con su voz en off al espectador a través de sus traumas maternos, su despertar sexual y por innumerables anécdotas que dan forma a la ciudad con la mayor tasa de sonambulismo del mundo, My Winnipeg es una experiencia completamente fuera de lo común, que representa un hito en la filmografía de este cineasta y que por desgracia no ha tenido, como tantas otras obras, la difusión y el reconocimiento que merece.

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