sábado, 9 de julio de 2011

Evil Dead 2 (1987)

Han pasado cinco minutos del metraje y Ash Williams, el personaje que convirtió a Bruce Campbell en uno de los más grandes ídolos del cine de terror, acaba de decapitar a la hermosa mujer con la que tres minutos atrás pretendía pasar un romántico fin de semana en una cabaña perdida en medio de la nada. El brutal acto no responde a un desorden psíquico del protagonista, sino a la mutación de su inocente y rubia pareja en un salvaje demonio, invocado por los conjuros emitidos por una misteriosa grabación abandonada en la cabaña. Gracias a los primeros segundos del filme, el espectador sabe perfectamente que dichos hechizos vienen nada más y nada menos que del mítico libro lovecraftiano de los muertos, el Necronomicón. Y esto apenas empieza.

Esos cinco minutos iniciales, que en cualquier otra cinta se habrían llenado con imágenes de créditos proyectadas sobre paisajes idílicos, muestran la determinación del director Sam Raimi por superar y eclipsar la primera parte de la serie de Evil Dead, que a pesar de la fuerte censura a la que fue sometida, había conquistado ya a una gran base de fanáticos incondicionales que la habían elevado a estatus de obra de culto.

El desaforado ritmo narrativo de Evil Dead 2 comienza en el máximo nivel de intensidad y se mantiene así hasta la conclusión de la cinta, tarea sumamente complicada al tener en consideración que si se somete al espectador a un estímulo constante éste terminará acostumbrándose a él, sin embargo la maestría de Raimi como creador de secuencias y situaciones extremas, le permite golpear de forma constante la psique del público sin dejar de sorprenderlo un solo instante.

El guión escrito por Raimi, sencillo pero imaginativo y redondo, contradice todo lo planteado en la primera película de la serie, con lo que Evil Dead 2 transcurre en una especie de mundo paralelo en el que no existe una continuidad argumental con lo ocurrido en la cinta anterior, a pesar de que el personaje principal es interpretado también por Bruce Campbell y utiliza el mismo nombre que en la primera parte. Sin embargo esto no es un problema, ya que después de la secuencia introductoria resulta evidente que a Raimi la continuidad con su anterior trabajo lo tiene sin cuidado, y al término del filme a la audiencia también.

Después de una cruenta batalla, con motosierra incluida, contra el descabezado cadáver de su poseído amor, Bruce Campbell deberá aliarse con una pareja de arqueólogos y dos rednecks para sobrevivir una noche en la cabaña, que se encuentra rodeada y habitada por un sinfín de espectros y demonios cuyo propósito es poseer los cuerpos de los nuevos inquilinos para finalmente materializarse en el mundo de los vivos.

Es abrumador el ingenio de Raimi para crear secuencias extraordinarias a lo largo de todo el metraje. Una tras otra se van sucediendo las tomas repletas de ingenio, los efectos especiales bizarros en los que incluso tiene cabida el stop motion y los galones de sangre que brotan sin cesar de cualquier parte, mientras el excelente manejo del sonido aturde al espectador y se materializa como un personaje más, tan tétrico como el peor de los demonios de esta obra en la que el horror y el humor negro se distribuyen a la perfección en partes iguales.

Muy superior a la primera en prácticamente todos los aspectos, la segunda parte de la trilogía de Evil Dead no puede ostentar otro calificativo que el de extraordinaria, ocupando uno de los lugares privilegiados entre las mejores películas de bajo presupuesto de la historia y siendo uno de los objetos de culto definitivos de los fanáticos del terror y el gore.

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