jueves, 19 de abril de 2012

Lik Wong (Riki-Oh: The Story of Ricky) (1991)

La desmesura es algo que nos atrae de forma irremediable precisamente porque forma parte de nuestro imaginario colectivo, sin embargo, el penoso control que actualmente ejerce la publicidad sobre dicho imaginario genera que la propensión del individuo a la desmesura sea aún mayor de lo que era antes. Es esa incansable búsqueda mediática por sorprender al comprador de un producto la que nos bombardea día a día con descabelladas secuencias que buscan implantar en la mente del espectador una determinada marca o producto.

A pesar de que resulta evidente que la capacidad del ser humano promedio para asombrarse ante una imagen ha disminuido de forma considerable en los últimos cien años, el cine gore sigue siendo un reducto marginal que aún no ha sido adaptado de forma regular dentro del bombardeo mediático, acogiendo de esta forma a aquellos que, incapaces de saciar su sed de impacto visual en los productos comerciales, caen en las redes de filmes como The Story of Ricky.

Filmada en Hong Kong, la cinta que dirige Ngai Kai Lam acerca de un hombre que, acusado de asesinato, ingresa a una prisión controlada por un maléfico villano y sus esbirros, todos expertos en artes marciales, fracasó por completo en el momento de su estreno gracias a la clasificación restrictiva que el gobierno chino le otorgó por su excesivo uso de la violencia, convirtiéndose sin embargo años después en uno de los filmes gore más respetados y elogiados a nivel internacional.

Mezcla de los elementos clásicos del cine de artes marciales de los años setenta, con desaforados toques de violencia explícita, The Story of Ricky es una película que utiliza la muletilla narrativa del enfrentamiento del héroe contra una progresión de enemigos que cada vez son más terribles, como una metáfora del arduo costo de un bien trascendental. Dicho estilo narrativo proporciona el escenario ideal para que el musculado actor de entonces 18 años Siu-Wong Fan, quien interpreta a un joven prácticamente indestructible que por vengar un ultraje llega a una cárcel infestada de maleantes, acabe uno a uno con los deplorables especímenes humanos que ahí residen.

Plagada de actuaciones reprobables y poseedora de una banda sonora tan mala que es buena, The Story of Ricky es una experiencia fílmica que los fanáticos del cine gore disfrutarán en demasía, contemplando entre risas y algunos aspavientos de horror, cómo el heroico Ricky utiliza su inconmensurable fuerza para atravesar torsos, perforar cráneos y desmembrar uno tras otro a los nefastos villanos que ingenuamente se cruzarán en su camino, con el único fin de hacer justicia y conseguir su libertad.

Filmada con un presupuesto reducido, que elimina cualquier pretensión visualmente preciosista y motiva el uso de efectos especiales baratos pero extremadamente ingeniosos, la cinta que Kai Lam dirige y adapta del reconocido manga homónimo, fue la primera película no pornográfica en la historia de la filmografía china en recibir la "Categoría III", clasificación restrictiva que limitaba el acceso de menores de edad a la proyección.

Un mensaje antidrogas se inserta en la sencilla y lineal trama con el fin de justificar la violencia en aras de transmitir una moraleja social, esfuerzo vano y hasta cierto punto ridículo, ya que The Story of Ricky es lo que es, una cinta hiperviolenta cuyo único y gran logro es entretener al espectador desde el primero hasta el último segundo, sumergiéndolo en un mar de sangre y tripas que, con justicia, le ha ganado el reconocimiento como uno de los mejores filmes gore de la historia.

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