jueves, 31 de mayo de 2012

The King of Kong: A Fistful of Quarters (2007)

Desde el inicio de los tiempos el hombre no ha cesado de preguntarse su objetivo en la vida. Esa racionalidad que el ser humano adquirió a través de milenios de evolución, desemboca de forma cruel en la imposibilidad de encontrar un objetivo evidente ante el que se pueda justificar la rutina diaria de supervivencia, transformando a través de la repetición el ímpetu de la juventud en el realismo conformista de la edad adulta.

La humanidad intenta responder la irresoluble pregunta del sentido de la vida mediante un cúmulo de diversas elecciones particulares, sin embargo, nada puede preparar al espectador para el camino que Steve Wiebe y Billy Mitchell escogieron para dar sentido a sus vidas, camino que el director Seth Gordon descubrió mientras intentaba hacer un documental acerca de la competencia profesional en juegos de video y que finalmente da forma a uno de los documentales más emocionantes de los últimos tiempos.

En una esquina se yergue el ufano Billy Mitchell, un exitoso empresario de salsa picante para alitas de pollo, cuyo gran mérito en la vida radica en haber conseguido el mayor puntaje en la historia del video juego más famoso de todos los tiempos: Donkey Kong. En la otra esquina se encuentra el tímido Steve Wiebe, un hombre de familia con grandes capacidades, pero cuya vida ha estado llena de decepciones, acumulando una gran lista de situaciones en las que justo un paso antes de convertirse en el mejor exponente de algo, simplemente fracasaba.

Con la moral baja y deseoso de ser reconocido por cualquier cosa en su vida, Steve Wiebe comienza a buscar retos en Internet, encontrando el récord imbatible de Mitchell en Donkey Kong y decidiendo que ese será el centro de todas sus horas libres. Días enteros pasa Wiebe frente a una máquina de arcade que él mismo compra, tratando de entender todas las claves detrás del que según los expertos es el juego más difícil de la historia. El trabajo arduo, combinado con la extraordinaria capacidad motora de Wiebe y su aparente semi autismo, consigue que meses después el récord imbatible durante más de dos décadas quede hecho pedazos.

The King of Kong narra con extraordinaria habilidad el calvario que sufre Wiebe para encontrar sentido a su vida y la terrible batalla de éste antihéroe contra la mafia de fracasados que controla el mundo de los récords de videojuegos clásicos, exhibiendo un extravagante universo en el que abogados, empresarios y excelsos geeks dedican la mayor parte de su vida a defender el estatus que los acredita como los que más puntos han conseguido en un videojuego.

Más de trescientas horas de filme se utilizaron para documentar el devenir de una historia cuyo desenlace era completamente ignorado por los documentalistas y por los dos archienemigos, que se enfrascan en un duelo a muerte para comprobar quién es el mejor jugador de Donkey Kong, utilizando todo tipo de artimañas, desde la intimidación verbal hasta el allanamiento de morada, con el atractivo de que, por si fuera poco, ambos personajes son los representantes ideales de los arquetipos de bondad y maldad.

Increíblemente divertido y emocionante hasta el último segundo, The King of Kong es un documental sin más pretenciones visuales o emocionales que la lucha de dos individuos por competir, por lograr la excelencia absoluta en algo, funcionando a final de cuentas como una maravillosa alegoría del falso poder provisto por el estatus y del comportamiento obsesivamente competitivo que llega a desatar la enemistad entre dos hombres o naciones.

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