viernes, 8 de junio de 2012

Divine Trash (1998)

El arte marginal tiene la característica invaluable de destruir las barreras que su contraparte convencional impone a través del mercado, no sólo saltando todas las reglas tácitas previamente elaboradas por la academia, sino escupiendo directamente en la cara de aquellos que ven a la creación como un proceso confinado en un ambiente inamovible.

Cruel es la vida de aquellos que deciden nadar río arriba contra la corriente de los convencionalismos artísticos, ya que el dinero normalmente se alejará de ellos y la fama, si acaso, los tocará en sus últimos años o de forma póstuma. Sin embargo, aún a sabiendas de lo que ocurrirá, esos héroes modernos ofrendan sus vidas al arte, encomendándose a una serie de convicciones que los conducen, víctimas de una maravillosa irracionalidad, a chocar contra la gigante ola de acero que dicta todo aquello que la humanidad debe apreciar.

John Waters, director nacido en Baltimore, es el exponente perfecto del artista descrito en los párrafos anteriores, miembro de una comunidad conservadora norteamericana y criado en un hogar modélico en el que jamás sufrió algún tipo de abuso, el pequeño Waters, con menos de diez años de edad ya fantaseaba con la violencia y la suciedad como atractivos estéticos, al grado de pedirle a su madre que lo llevara al deshuesadero de autos local para reconstruir en su mente los horrendos accidentes ahí expuestos.

El inexplicablemente perturbado infante creció y en su adolescencia adquirió una cámara Super 8, aditamento con el que creó sus primeros cortometrajes en compañía de los locos del pueblo, jóvenes que como Waters se sentían completamente alienados de la sociedad suburbana norteamericana y que con la guía de su gurú esquelético, drogadicto y homosexual, formaron un colectivo que en esa época ignoraba la brutal repercusión que posteriormente tendría en la vanguardia cinematográfica. Es en ese momento que nacen los Dreamlanders, nombre derivado de la productora fílmica creada por Waters, Dreamland Productions, y con ellos la época dorada del cine trash.

Dirigido por Steve Yeager, Divine Trash es un documental que relata los inicios de Waters en el mundo del cine, haciendo un recorrido por filmes poco conocidos como Hag in a Black Leather Jacket, Roman Candles, The Diane Linkletter Story y Multiple Maniacs, hasta desembocar en la gran epopeya del cine trash: Pink Flamingos.

La cinta centra una gran parte de su desarrollo en la relación del genial director con Harris Glen Milstead, mejor conocido como Divine, uno de los travestis más icónicos de la historia, quien fungió como el protagonista máximo de la filmografía de Waters, trabajando de forma incansable en todas sus cintas hasta el día de su muerte y responsable de algunos de los momentos histriónicos más escandalosos de la historia del cine.

Indispensable para cualquiera que alguna vez haya soltado una carcajada frente a alguna de las descabelladas odas al mal gusto del director con el bigote más cuidado del mundo, Divine Trash es una excelente película, ganadora del premio al mejor documental en Sundance, la cual rescata una gran cantidad de material inédito, así como algunas de las primeras entrevistas con un Waters sombrío y de largos cabellos que apenas empezaba a descubrir el poder de impacto del cine, un poder que nunca dejaría de ejercitar, para fortuna de su público y para fortuna del arte.

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