jueves, 30 de agosto de 2012

The Texas Chainsaw Massacre (1974)

Si algo le queda claro a Tobe Hooper es el momento en el que, formado en una atestada tienda de herramientas, contempló en uno de los muros una sierra eléctrica en exhibición. En su entonces joven mente, Hooper se abrió camino a empellones entre la multitud, tomó el reluciente aparato en sus manos, tiró del cordón que accionaba el motor de gasolina y moviendo la máquina de lado a lado con violencia comenzó a cortar extremidades, cabezas y torsos, hasta alcanzar la lejana caja de pago, dejando tras de sí un caos de sangre y vísceras texanas.

Fue esa fantasía la que dio inicio a la conceptualización de una de las mejores cintas de terror de todos los tiempos, engendrada por Tobe Hooper y Kim Henkel, quienes en un par de semanas escribieron el guión y convocaron a una serie de audiciones, compuestas mayoritariamente por actores desconocidos radicados en Texas, con los cuales armaron el elenco que llevaría como joya de la corona a Gunnar Hansen, un escritor y actor islandés que fue seleccionado para interpretar el mítico rol de Leatherface.

Muy significativo fue el hecho de que, a pesar de que Hooper trató de disminuir el gore lo más posible para alcanzar una clasificación PG (Parental Guidance), el filme no pudo distribuirse mas que con el estigma de la roja R (Restricted), ya que la temática y la forma en la que ésta se trata, a pesar de la casi total ausencia de secuencias gore, dan como resultado una de las cintas más perturbadoras y emocionalmente devastadoras que se han visto jamás.

The Texas Chainsaw Massacre es la quintaesencia de las películas de terror que involucran jóvenes en aislamiento, planteando desde un inicio ese núcleo narrativo que tantas veces se copiaría a posteriori, en el que un grupo de chicos y chicas se embarcan en un roadtrip rumbo a algún paraíso aislado de la civilización, para enfrentarse, desde la más absoluta indefensión, con un terror del que no tienen escapatoria. En este caso, el viaje se hace con el objetivo de revisar la tumba del abuelo de dos de los personajes, ya que ésta se encuentra en un cementerio que sufrió una serie de profanaciones por parte de desconocidos criminales.

Los cinco chicos, dos parejas y el hermano inválido de una de las chicas, deberán enfrentarse en un lapso de menos de 24 horas a un despiadado asesino, el cual vive casualmente a tan sólo unos metros de la casa abandonada, aislada y aparentemente paradisíaca donde pretendían pasar el fin de semana después de verificar el estado de la tumba del susodicho abuelo.

Cinco personajes son relativamente pocos para los estándares contemporáneos en cintas de terror slasher, ya que uno de los mayores disfrutes del público es ver los diferentes procesos violentos por los que asesinan y despedazan a los incautos protagonistas, sin embargo, ese no es el atractivo principal de la masacre de Hooper, sino la desaforada y extraordinaria secuencia de persecución que ocupa la mitad final de la cinta. Dicha secuencia, aún ahora, sigue siendo terriblemente perturbadora, y consigue que el espectador moderno, a pesar de su fuerte preparación en cuanto a cuestiones de violencia gráfica, tenga un incontrolable nudo en el estómago hasta el soberbio último segundo del filme.

Sin un sólo momento de desperdicio, el metraje de Hooper construye mediante una serie de extraordinarios personajes, aunados al innovador manejo de cámara de Daniel Pearl,  una atmósfera magistral que, a diferencia de la vasta mayoría de películas de terror, no depende de la oscuridad para sumir a los espectadores en el horror más extremo, sentimiento que se desarrolla incluso con mayor eficacia a plena luz del día, en secuencias donde el sol deja de considerarse un elemento de tranquilidad, para volverse un catalizador de ese terror atemporal y constante que pocas veces se ha desarrollado con tal brillantez.

A pesar de sus fallidas secuelas y de los penosos remakes, The Texas Chainsaw Massacre continúa siendo una obra suprema del cine de terror, producto de la casualidad, del talento innato de Hooper y Henkel, de la inexplicable brillantez de sus actores inexpertos y de la intuición de aquellos que la financiaron a pesar de su temática. Si tan sólo hubieran más accidentes felices como ese...

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