lunes, 10 de septiembre de 2012

Compliance (2012)

Siempre me ha resultado maravilloso el poder del lenguaje y la manera en la que, de forma intuitiva, éste se ha moldeado a través de milenios de evolución intelectual, ocultando, bajo la capa superficial del significado inmediato de cada una de sus palabras, una complejísima estructura compenetrada de forma casi perfecta con el sistema nervioso de los seres humanos. Es dicha estructura de comunicación la que, de forma casi mágica, determina todas y cada una de nuestras acciones, actuando como vínculo creador de un sinfín de abstracciones mentales conceptualizadas no mediante imágenes, sino mediante palabras.

Una vez superado el dominio físico del más fuerte de la tribu, es a través del lenguaje, en su papel de vehículo del intelecto, que se definen las primeras estructuras de poder modernas. Estructuras que con el paso de los siglos adquirirían una mayor complejidad formal, pero que mantienen hasta nuestros días el objetivo del dominio ejercido por un interlocutor, dotado de un cierto nivel de autoridad intelectual, moral, o social, sobre aquel que se autodetermine como un ser inferior en comparación.

Es este dominio ejercido a través del lenguaje el tema central de Compliance, segundo largometraje de Craig Zobel, quien en esta ocasión aborda de manera extraordinaria la inconsciente e irracional sumisión de voluntades que ocurre, de forma mucho más frecuente que lo que estamos dispuestos a aceptar, cuando el ser humano promedio se enfrenta a una figura de autoridad validada tanto por la sociedad como por él mismo.

Zobel inicia su narrativa con un estupendo retrato de las relaciones de poder y la dinámica de trabajo que acaece en un restaurante estadounidense de comida rápida, delineando con sutileza el perfil psicológico de cada uno de los involucrados en el posterior juego de voluntades que marcará el eje central del filme. Todo esto envuelto en un deseo constante por parte de Zobel y de su director de fotografía, Adam Stone, quien hace poco nos maravilló en Take Shelter, por explorar interesantes composiciones visuales, haciendo honor a una de las principales características de los jóvenes baluartes del cine independiente.

De nada sirve la advertencia al inicio de la cinta acerca de que ésta se basa en hechos reales, ya que una vez que comienza a perfilarse el dilema central del filme, el cual no contaré para evitar reclamos, la lógica del espectador inmediatamente se rebela contra el argumento planteado, catalogándolo de irreal, exagerado, lógicamente imposible y ridículo. Sin embargo, es a través de la conclusión, planteada en menos de diez minutos, que todo adquiere nuevamente un abrumador sentido de realidad, aterrizando de forma magistral un argumento que parecía derivarse de la más irracional ficción y que termina por dejar al espectador completamente anonadado.

Compliance es un brutal ensayo sobre el poder, y sobre la irracionalidad asociada a la sumisión del intelecto ante alguien que se valida como una figura de autoridad. Irracionalidad que se expone desde un evento radicalmente abyecto, pero en la que caemos diariamente sin apenas darnos cuenta, sumergidos en la cotidianeidad de un sistema social fundamentado precisamente en la sumisión.

La puesta en escena de la película, al ser en extremo minimalista, se apoya en las actuaciones de un estupendo elenco, del cual salta a la vista la inmejorable actuación de Ann Dowd, actriz de bajo perfil que sin duda encuentra en Compliance uno de los papeles más poderosos y demandantes de toda su carrera, y que se rodea de un excelente grupo de jóvenes actores a los que, en conjunto con Pat Healy, quien encarna al villano de la cinta, se les debe el rotundo éxito del filme.

Foucault, en su exhaustivo estudio para desentrañar los mecanismos de poder que nos afectan directamente, definía al hombre a través de la palabra "sujeto", término que lingüísticamente se deriva de la palabra "sujeción", asociando por ende al ser humano como un ente esclavizado por definición y dependiente de una intrincada red de interacciones, ordenadas todas en base a un sólo concepto: el poder. Después de ver Compliance, resulta inevitable no pensar en el acierto de Foucault, y en la triste, dramática e inevitable condición del ser humano.

6 comentarios:

Mozzter dijo...

Si no supiera que estas cosas realmente ocurren - en especial en México. ¿Cuantas llamadas telefonicas para extorsionar a la gente se llevan a cabo diariamente? - pensaría en esta película como una mala broma. Lo cierto es que tienes razón, la palabra como método de persuasión es muy poderosa. Tan efectiva como cualquier apretón de testiculos. Una vez que te tienen, ya no te sueltan.

Después de haber visto la película, y haber leido tu entrada en el blog, me vino a la memoria otra historia que quizás va de la mano, Martha Marcy May Marlene. El brainwash aplicado a todo aquel que se deja seducir por la lengua dorada. En ambos casos, el villano lo hace por placer. El placer de manipular.

La primera hora la disfruté bastante. De la nada te ves envuelto en una situación que como espectador te engancha irremediablemente. No hay truco, no hay artilugios, solamente el dialogo entre victima y victimario. Después, creo que empieza a ser redundante. Aún asi, no das credito a las acciones "¿señora, le han lavado el cerebro?". ¿Como puede alguien caer en ese juego?. Pues si, lo hacen.

Fando dijo...

Mi estimado Mozzter, completamente de acuerdo con lo que mencionas en cuanto a que Compliance puede llegar a ser un poco reiterativa rumbo al final, sin embargo me queda claro que así sucedió el hecho, de forma que, en ese aspecto, la cinta funciona simplemente como un retrato de esa demencial situación.

Por otro lado, no me queda claro que el "villano" de Martha Marcy May Marlene manipule a su círculo social por placer, creo que son otras cuestiones las que intervienen en esa manifestación de poder y considero que es muy diferente a lo que se plantea en Compliance, a pesar de que ambas se valen de la palabra como arma.

Un abrazo y nos seguimos leyendo.

paxton dijo...

Lo que le quita puntos a la cinta es esa cosa de "basada en hechos reales". Prrt. :P

Fando dijo...

Paxton, lo que pasa es que de no hacerlo creo que podría pasar como un filme narrativamente bastante exagerado e inverosímil.

cursedbravery dijo...

yo los primeros 40 minutos me estrecé de ver tanta idiotez humana junta. ¿Cómo hay gente que puede ser tan fácil de persuadir? si no es porque al principio nos indica que está basado en hechos reales y que finalmente fui creyendo que en realidad estas cosas pasan, no la hubiese visto completa.
A mi si me gustó la resolución, precisa y concisa.
Saludos

Fando dijo...

Al verlo desde fuera resulta relativamente sencillo pensar que la gente que cae en ese tipo de artimañas son idiotas, sin embargo, muchas veces estamos alambrados para responder a figuras de autoridad de forma instintiva. Sería interesante ver los resultados del experimento con nosotros como personajes principales.

Saludos.