lunes, 1 de octubre de 2012

The Beyond (1981)

Después del relativo éxito que Lucio Fulci tuvo al reinventar el género zombi con Zombi 2, el director italiano comprendió que su lugar en la historia estaría asociado de forma inevitable a la violencia y al cine gore, embarcándose a partir de ese momento, sin saberlo, en la creación de una trilogía de terror que posteriormente se conocería como The Gates of Hell, mediante la que terminó por desarrollar su peculiar estilo fílmico, para convertirse en uno de los directores más importantes de cine gore de la historia.

Negándose a seguir los cánones tradicionales del horror y buscando siempre un incremento en el nivel de violencia que mostraba en pantalla, Fulci revolucionó de manera intuitiva el cine de terror, alcanzando con The Beyond el punto más alto de toda su carrera, y perfilando un relato que además de ser visualmente agresivo e impactante, se muestra como un portento narrativo que mezcla muchos elementos de la corriente neogore de los años ochenta, con exquisitos toques de surrealismo que sin duda representaron un hito en dicho género.

The Beyond retoma el sobre explotado concepto de la casa maldita, llevándolo a un nuevo nivel al plantear la historia de una mujer que hereda un hotel en Louisiana, sin saber que éste es una de las siete puertas que comunican directamente al mundo de los vivos con el infierno, la cual había sido bloqueada décadas atrás mediante la crucifixión de un brujo que vivía en una de las habitaciones del hotel. Por desgracia para la protagonista, los trabajos de remodelación del hotel romperán el sello que bloqueaba la funesta puerta y darán paso a la resurrección de los muertos y al infierno sobre la tierra.

Fulci lo apuesta todo en este relato demencial, creando una experiencia visual sobrecogedora, en la que las imágenes de violencia explícita alcanzan niveles abrumadores y consiguen, de forma sorprendente, un perverso goce estético en el espectador, que al combinarse con la repulsión física natural al gore extremo, genera una experiencia emocional difícilmente superable.

Muertos vivientes, arañas carnívoras y crueles demonios, son los catalizadores de violencia en esta cinta que fue parte de la infame lista de "video nasties", emitida por el gobierno británico a principios de los años ochenta. Lista en la que se prohibía la distribución en video de un total de 39 filmes hiperviolentos, con el fin de evitar el encuentro de la juventud con el cada vez más popular cine gore, el cual, a pesar de que no se estrenaba en las salas comerciales, se vendía a raudales en el mercado negro del Betamax.

Plagada de escenas memorables, entre las que se vuelve a observar esa obsesión de Fulci por ejercer una violencia salvaje contra los globos oculares de sus personajes, The Beyond es un generoso festín para los amantes del horror y una corroboración de la gran capacidad que este director italiano tenía para explotar los temores primarios de un público cada vez más difícil de impresionar.

Resultaría ingenuo pedir demasiado a un elenco tan amateur como el que Fulci usaba en sus rodajes, sin embargo, el resultado en este rubro termina siendo aceptable y en ningún momento se ve demeritado el desarrollo de la película con las pifias histriónicas de los personajes.

Por encima de todo, me resulta maravilloso el hecho de que jamás, durante todo el metraje de The Beyond, se alcanza a vislumbrar el más mínimo atisbo de redención o escapatoria para los personajes, los cuales, desde la más completa ignorancia, simplemente tratan de comprender lo inevitable de un hecho que se ha consumado y del que no hay vuelta atrás, hasta finalmente alcanzar una conclusión inmejorable que se convierte en uno de los finales más surrealistas de la historia del cine de horror.

The Beyond es sin duda la obra maestra de Fulci y lo más cerca que éste estuvo de crear ese mítico género gore con pretensiones artísticas de auteur, con el que se ha fantaseado durante décadas y cuyos exponentes apenas pueden contarse con los dedos de una mano. En definitiva, un clásico indiscutible, que por si fuera poco ha envejecido de forma honrosa, y que mantiene ese nivel de impacto que lo convirtió en objeto de culto en su época.

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