miércoles, 27 de febrero de 2013

Alpeis (Alps) (2011)

Nuestros instintos nos llevan de la mano por la vida, y muchas veces vivimos ésta en automático, irreflexivos, alejados por completo del asombro, mecanizados. Únicamente cuando un evento devastador toca a la puerta es cuando conseguimos salir de nuestros cuerpos, modernamente hiperrevolucionados, para ver lo que nos rodea, para respirar de forma consciente, para escuchar un latido, o maravillarnos con el simple hecho de ser capaces de conceptualizar cosas tan intangibles y reales como el amor, el odio, la vida o la muerte.

Son los mecanismos de control socialmente autoimpuestos, que nos mantienen inmersos en una vertiginosa rutina alejada de la introspección, los que maquillan día tras día ese terrible destino finito cuya única aseveración es la muerte. Sin embargo, las vivencias asociadas a la tragedia y a los drásticos cambios vitales, reavivan ese fuego de incertidumbre que arde sobre la mortalidad y el tiempo, conceptos irresolubles y psíquicamente devastadores para el ser humano.

Es esa crisis existencial tan humana, cuyas hipótesis giran sin descanso sobre el eje central de la muerte, el tema principal de Alpeis, nueva incursión cinematográfica del cineasta griego Giorgos Lanthimos después de la elogiada Kynodontas, cinta que tras su estreno en el festival de Cannes volvió a colocar al cine griego en el mapa fílmico internacional y a Lanthimos como su principal exponente.

Aprovechando el estilo narrativo extremadamente parco que perfeccionó en su anterior filme, el cineasta griego narra la historia de un grupo de desequilibrados mentales que, además de vivir su insatisfactoria rutina diaria, en sus horas libres acostumbran rentarse como sustitutos de personas que han fallecido. El atípico trabajo, cuyo objetivo es aliviar la pena y el vacío emocional de las familias que han perdido a un ser querido, se fundamenta en un conjunto de sesiones en las que un actor, una vez memorizada la vida y manierismos del muerto, interactúa con la familia en una dinámica por demás enfermiza.

Lanthimos declara que Alpeis es la antítesis de Kynodontas, un filme en el que sus personajes no buscan escapar de un mundo irreal y fabricado, sino que intentan entrar en él mediante perversas maquinaciones psíquicas, con el único objetivo de experimentar emociones y dar algún tipo de significado a sus irrelevantes vidas. Sin embargo, a pesar de este argumento diferenciador, existe una fuerte similitud filosófica y temática entre ambas cintas, lo que hasta cierto punto hace que funcionen como una estupenda unidad tanto en el aspecto estético como en el narrativo.

Con un reparto absolutamente extraordinario, dentro del que destacan Aris Servetalis y Aggeliki Papoulia, ambos antiguos colaboradores de Lanthimos en Kinetta y Kynodontas respectivamente, Alpeis es un recorrido demencial por el encuentro del hombre con la noción de la muerte y por el deseo humano de ser amados, un amor que independientemente de quien venga nos demuestre que no estamos solos en el mundo, y que, al convertirse en una necesidad, se impregna de un patetismo absolutamente devastador que Lanthimos consigue retratar con gran virtuosismo.

La alucinante originalidad de su argumento le valió a Alpeis el premio al mejor guión del festival de Venecia, así como elogios por su inteligencia y reclamos por la frialdad de una puesta en escena que coloca al espectador desde un punto de vista más voyeur que empático hacia los personajes. Sin embargo, el resultado final en su conjunto, mezcla de terror psicológico, humor enfermizo y gran originalidad, no hace mas que confirmar que Giorgos Lanthimos se ha convertido en una innegable garantía de calidad.

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