lunes, 1 de abril de 2013

Searching for Sugar Man (2012)

Talento y éxito, dos de las bestias más valoradas por el hombre, no siempre van de la mano. Para muestra no hace falta mas que acudir a las incontables referencias que dan fe del fenómeno de disociación que llega a ocurrir entre el talento, capacidad, hasta cierto punto innata y hasta cierto punto trabajada, para realizar una determinada tarea, y el éxito, relacionado con la aptitud de una sociedad para reconocer una acción que le proporciona algún beneficio tangible o intangible.

A primera impresión, la relación entre los conceptos de talento y éxito debería permitir que no ocurriera uno sin el otro, sin embargo, cuando el campo de estudio se aleja de las actividades con beneficios sociales tangibles y concretos, para abordar los talentos que se enfocan en la creación de bienes subjetivos e intangibles, como el caso del arte en general, los cánones sociales de un determinado tiempo pueden descartar, sin mayor esfuerzo, un talento que tal vez para una sociedad futura o diferente significaría algo digno de reconocimiento.

Listas interminables de artistas que, después de batallar contra una vida de carencias y morir en la más absoluta miseria, son descubiertos y revalorados por sociedades posteriores, pueblan los libros de historia del arte, en donde se exponen una y otra vez entre reverencia, asombro y pena, las historias de aquellos genios miserables que jamás llegaron a conocer el impacto social de su obra, para morir en las garras del cruel espíritu del fracaso.

Searching for Sugar Man, documental filmado de forma apasionada por el joven sueco Malik Bendjelloul, narra la historia de un artista descartado por su entorno social, un cantante folk de nombre Sixto Rodriguez, oriundo de los barrios proletarios de Detroit, quien a principios de los años 70 grabó dos LPs: Cold Fact (1970) y Coming from Reality (1971). Discos que, después de una casi inexistente campaña de distribución y de un mal recibimiento por parte del público, hicieron caer al poeta en el olvido.

Poco más de dos décadas después de su intento por conseguir los quince minutos de fama warholianos, Rodriguez recibe la llamada de dos hombres sudafricanos que le informan que, durante el apogeo del Apartheid y de la censura en Sudáfrica en los años setenta, los jóvenes de dicho país tomaron sus canciones como himnos de la libertad de expresión y que, durante todo ese tiempo, dada la poca información que se podía inferir del disco que había llegado de forma fortuita al país y del cual se habían generado un sinfín de copias, se inventó toda una mitología alrededor del desconocido artista de nombre Rodriguez, la cual culminaba en una dramática muerte arriba del escenario.

Searching for Sugar Man recorre la montaña rusa de emociones que se dispara cuando Rodriguez, un hombre ordinario que había dejado atrás su pasado como cantante folk y que ahora trabajaba como albañil, descubre que, a miles de kilómetros, su presencia y su música son capaces de convocar a miles de personas que, en un frenesí de felicidad por descubrir que uno de sus íconos culturales más grandes sigue vivo, llenarán estadios y corearán al unísono las letras del poeta maldito de Detroit.

Emotivo, intenso e impecablemente filmado, Searching for Sugar Man echa luz sobre la carrera de un extraordinario compositor, del mismo modo que elabora una reflexión sobre los abrumadores efectos de la fama y la posibilidad de dominar a ese demonio muchas veces incontrolable, asumiéndolo como algo cotidiano y sin importancia, como una simple casualidad que no modifica en nada la esencia de aquel que ha conseguido combinar de forma azarosa el talento y el éxito, para disfrutar, desde una gran paz interior, de esa gloria que se reserva únicamente a un puñado de humanos como tú, como yo y como Rodriguez.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

prestamela no mofo?

Pachita Rex dijo...

Lloré como bebé.