miércoles, 15 de mayo de 2013

Upstream Color (2013)

Uno de los principales temores del hombre del siglo XXI radica en la catalogación que su entorno social hace de él. El esfuerzo por pertenecer a un grupo determinado, o incluso dentro de ese grupo ser considerado brillante, cómico, agradable, etc., determina una gran parte de las preocupaciones del hombre moderno y define uno de sus más grandes miedos: ser considerado un imbécil.

Es ese miedo a ser catalogado como idiota, ignorante o simplón, el que deviene en la imposibilidad de criticar una obra de arte únicamente a partir de la experiencia propia y del análisis del producto observado, sin remitirnos al temor de descartar algo que pueda resultar valioso ante los ojos de una figura moral superior, que pueda catalogarnos de imbéciles. A pesar de que la descripción del problema es simple, sus procesos y consecuencias impactan de forma directa tanto al mercado del arte como a nuestra capacidad crítica y, por desgracia, todos estamos alambrados para ser extremadamente susceptibles a este fenómeno.

Son precisamente estos complejos sociales y psíquicos los que, desde mi humilde punto de vista, han encumbrado al segundo largometraje de Shane Carruth, Upstream Color, como la cinta independiente que definirá al 2013 tanto en ámbitos de argumento como de realización.

Para comprender lo anterior tenemos que remitirnos al 2004, cuando un desconocido programador de software llamado Shane Carruth se convirtió, de la noche a la mañana,  en una de las figuras más respetadas de la ciencia ficción, al presentar en el festival de Sundance la asombrosamente compleja Primer, ganadora del gran premio del jurado en dicho festival y catalogada, casi de forma unánime, como una de las mejores cintas jamás creadas sobre viajes en el tiempo. 

Nueve años después, Carruth regresa con Upstream Color, película que, en la tradición de Primer, es actuada, escrita, dirigida, musicalizada y filmada por el propio Carruth, quien en un supuesto despliegue imaginativo decidió elaborar un nuevo relato de ciencia ficción, dejando de lado los viajes temporales y abordando ese estilo de Sci Fi que encumbró, hace ya algunas décadas, al extraordinario director canadiense David Cronenberg.

El filme comienza de forma inmejorable, narrando con gran virtuosismo el rapto de una joven a la que le implantan un gusano que la hace psicológicamente susceptible a la manipulación. Es bajo la influencia del parásito, que el secuestrador, utilizando un severo método de manipulación mental, obliga a la protagonista a vaciar sus cuentas bancarias, para luego escapar con el dinero. La mujer despierta del trance después de una cirugía mediante la que el parásito le es retirado, para percatarse de que sus cuentas fueron saqueadas, de que la han despedido del trabajo por ausencia y de que ha pasado a ser una completa paria.

Han transcurrido veinte minutos y la película funciona como una brillante pieza de relojería, sin embargo, poco a poco la historia comienza a perder el control y a alejarse de un objetivo concreto, en un afán por plantear simplonas alegorías sobre el control al que está sometida la humanidad citadina occidental y, principalmente, sobre lo fortuito que puede llegar a ser el amor.

Carruth escarba sin empacho en temas tan complejos como la pérdida filial o el miedo al fracaso después de superar una experiencia traumática, con una ligereza que le hace cuestionar al espectador la existencia de ciertas escenas que, lejos de aportar algo a la historia, plantean temas que son resueltos de forma apresurada y burda, a través de metáforas que involucran cerdos psíquicamente ligados a los humanos, un granjero megalómano y unas misteriosas orquídeas mutantes.

La gran virtud de Carruth es que está enamorado de las técnicas narrativas crípticas y elaboradas, situación que desde Primer le otorgó un estatus de creador brillante que en esta ocasión ha jugado a su favor, ya que, a pesar de lo risibles y vacuos que puedan resultar los conceptos que trata la cinta, el método mediante el que Carruth ensambla dichos conceptos, aunado a un brillante trabajo de actuación y edición que le permite a la película utilizar una cantidad minúscula de diálogos, convirtiéndola en una experiencia sensorial que termina por completarse a través de su cuidadísima banda sonora, transmite la sensación de que lo que uno acaba de ver es algo de una complejidad enorme y, por tanto, la obra de un genio.

Es por lo anterior que volvemos a la premisa inicial de que el hombre, cuando se enfrenta a un producto artístico de gran complejidad, que en una primera instancia lo supera, teme parecer estúpido ante sus congéneres y por tanto espera a que alguien con superior calidad moral, o algún antecedente del artista, valide o descarte dicho trabajo. He paseado por innumerables críticas que concuerdan en que Upstream Color es una auténtica maravilla y, sin embargo, aceptan entre risas que no entendieron absolutamente nada con la ya clásica expresión de "what the fuck is going on?", situación claramente contradictoria que se apoya meramente en la fama previa del director y en el innegable virtuosismo visual de éste, sin percatarse de que dichas características son insuficientes para calificar a la cinta de "maravillosa".

Dejando de lado quién es Shane Carruth, Upstream Color es un bello espectáculo visual que remite al espectador a los Body Snatchers de Don Siegel y que aborda, con una narrativa innovadora, conceptos socioculturales complejísimos, que sin embargo se analizan desde un punto de vista tremendamente simplista, convirtiendo al filme en un conjunto de pedazos anecdóticos con buenas ocurrencias que, unidas por otro director, habrían dado como resultado una buena película de ciencia ficción.

10 comentarios:

Claudio Alvarez dijo...

No estoy para nada de acuerdo, (desde mi subjetividad) no la encontré demasiado compleja, ni me confundió, y me gusto bastante, pero no me hizo sentir que era demasiado cinearte (por ej; planos/secuencia que duren demasiado sin que pase nada), más bien que era una aproximación distinta, en cada secuencia esta narrando, no esta lo tipico de síntamos la escena (ok, algo de eso hay, pero no a lo elephant)

Por otro lado, me gusta como escribes, te linkiare desde mi pagina, saludos!

Fando dijo...

Claudio, pues mira lo bueno de todo esto es que en gustos todo es subjetivo. Me alegra que la hayas disfrutado, pero desde mi punto de vista es demasiado ambiciosa y se le escapan muchísimas cosas por lo mismo.

Qué gusto lo que dices del blog.

Saludos.

Claudio Alvarez dijo...

Lei varias entradas más, buena pluma, mi blog es este http://filosofosos.blogspot.com/ (es un cómic blog) Saludos!

Fando dijo...

Claudio, muchas gracias. Por cierto, buen blog tienes ahí. Saludos.

Anónimo dijo...

Leí el primer párrafo. Escribes de la verga.

Fando dijo...

Querido Anónimo: espero, por tu propio bien, que hayas leído más allá del primer párrafo, ya que me cuesta trabajo imaginar a alguien tan traumatizado como para después de leer cinco líneas dejar un comentario como el tuyo.

De todas formas, haya sido como haya sido, el Internet es un lugar enorme y tienes muchos sitios que visitar. Por favor, no vuelvas a pararte por acá.

Abrazo.

Smayle A. Dominguez dijo...

Saludos Cherch,

No me había topado con este texto, entré por la publicación que hiciste en twitter y aunque casi siempre concuerdo contigo, aquí difiero en algunas cosas.

La ví hace varios meses y la verdad es que me gustó mucho. Para mi es más una experiencia sensorial que cualquier otra cosa, el inicio como mencionas es maravilloso y creo que aunque la película no es perfecta, crea momentos muy especiales. El diseño de sonido y la musicalización son excelentes. Concuerdo con Claudio en que para mi no es tan compleja como dicen, entiendo que es más la edición que crea esa constante búsqueda que mantiene al espectador impaciente y creo que por esto, le favorece al filme.
De la mano de una poderosa composición visual y actuaciones de primera, creo que logra su cometido.

Pero al final del día, lo mejor de todo esto es que el arte es subjetividad pura y creo que todos salimos ganando algo al leer opiniones distintas a las nuestras.

Un abrazo dominicano desde Santo Domingo.

PD: Ahí vi que escribiste sobre La Grande Bellezza, este fin de semana por fin la veo y te comento por aquí que tal.

Fando dijo...

Smayle,

Estoy de acuerdo en la apreciación de que la complejidad sonora y visual de la cinta es encomiable, sin embargo siento que el guión carece de una resolución interesante y se deja llevar por una serie de metáforas sociales que, a final de cuentas, creo que sólo sirven para abordar con ligereza problemas que son mucho más complejos.

No es un bodrio, pero esperaba algo más.

Concuerdo también en que la diversidad de opiniones es lo que enriquece el debate fílmico.

¡Un fuerte abrazo hasta Santo Domingo!

Anónimo dijo...

La estoy viendo, minuto 67:36, busque una crítica porque siento que estoy perdiendo mi tiempo con esta película, vi Primer, me encanto por eso veo esta y por que la ponen en mas de un foro como lo mejor de ciencia ficción del 2013, estoy esperando esa vuelta de tuerca que le de sentido a todo, hasta ahora concuerdo totalmente con tu crítica. Solo quiero agregar que me gusta tu forma de escribir, es agradable pero sobre todo aporta algo al que le gusta el cine y quiere saber que piensa el otro.

Fando dijo...

Anónimo, qué bueno que concordamos, la verdad el giro nunca llega y es una pena.

Saludos.