lunes, 10 de junio de 2013

Después de Lucía (2012)

Es ingenuo pensar que el cine mexicano atraviesa actualmente por una buena racha creativa. La precaria producción anual de cintas y la escasa calidad de éstas, son situaciones que se disfrazan con algunos premios internacionales que, irónicamente, han conseguido aquellos cineastas cuyo trabajo se desarrolla fuera del establishment fílmico nacional. Artistas que, a pesar de ser premiados en festivales de la talla de Cannes, continúan siendo ignorados, de manera ridícula e incomprensible, por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, en una clara muestra de que, lejos de pasar por una buena racha, la industria del cine mexicano sigue siendo un grotesco caos.

A pesar de lo anterior, se debe reconocer el titánico esfuerzo de ese pequeño grupo de directores, que en los últimos años han conseguido un amplio reconocimiento en el panorama cinematográfico internacional, gracias a ese deseo incansable de plasmar, casi siempre con una evidente carencia de recursos, historias que consigan crear una conexión emocional entre públicos tan disímiles como el americano, el europeo, el asiático, etc.

Dentro de ese selecto grupo de cineastas mexicanos se encuentra Michel Franco, un joven director que comenzó su carrera con la poco celebrada Daniel y Ana, pero que ahora se consolida como una de las grandes promesas del cine mexicano con Después de Lucía, filme que se alzó con el premio Un Certain Regard en el festival de Cannes, y que, junto a los galardones a mejor director que consiguieron, Carlos Reygadas ese mismo año, y Amat Escalante en el 2013, consolidó una especie de pequeña hegemonía mexicana en el que, hasta el momento, es el festival cinematográfico más reconocido a nivel internacional.

Después de Lucía narra la historia de una joven estudiante que, tras la muerte de su madre y su posterior mudanza a la capital del país, debe lidiar, por culpa de un video sexual que inocentemente protagoniza, con el desafortunado, y cada vez más común, proceso de abuso escolar conocido como bullying, convirtiendo a las constantes vejaciones de sus compañeros en una grotesca rutina diaria.

La joven protagonista, interpretada por una talentosa Tessa Ia, sufre en silencio las incontables humillaciones de su, en un inicio, grupo de amigos, con la intención de no causarle mayor pesar a su padre, un chef profundamente deprimido por la muerte de su esposa e incapaz de manifestar sus emociones, a quien da vida Hernán Mendoza en un terrorífico esfuerzo histriónico.

Después de Lucía es una recolección casi clínica de los procesos de manejo de emociones asociados a dos eventos de gran impacto en la psique humana; por un lado el duelo de una familia que pierde a uno de sus pilares fundamentales, desarrollando sentimientos de culpabilidad y profundas crisis emocionales que devienen en la pérdida del sentido vital; y por otro lado la génesis, maravillosamente retratada por Franco, de los procesos fortuitos que dan lugar a la creación del rol del chico(a) abusado dentro de un grupo social.

Filmada con una parquedad que contribuye al desarrollo de una poderosa atmósfera de veracidad, Después de Lucía es un testimonio extraordinariamente equilibrado, sensato y creíble, sobre la capacidad destructiva del abuso psicológico y físico en un ambiente escolar que, a pesar de estar contenido en un océano de reglas, termina funcionando como una especie de jungla en donde la ley del más fuerte cobra especial importancia, y donde los adolescentes, sujetos a cambios físicos y psíquicos importantes, evidencian sus inseguridades a través del ejercicio del poder en forma de actos de crueldad inusitada.

La desoladora y magistral conclusión del segundo filme de Michel Franco es un poderoso golpe emocional que se queda grabado en la memoria, un interesante tratamiento que abre el debate apenas se abandona la sala, y un despliegue de estilo que deja en claro el tono narrativo de este joven director que funge, junto a un pequeño puñado de talentosos artistas, como un pequeño salvavidas que mantiene a flote a ese gran obeso mórbido que es el cine mexicano.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi buen Cherch, como siempre una gran reflexión la tuya y un placer leerte.

Para meterle polémica quiero diferir un poco contigo. Me parece que el cine mexicano está viviendo su etapa más interesante en muchos años (por decir lo menos, aunque yo SI sería ingenuo y dijera también que SI es una de sus etapas más creativas).

Me explico, estoy perfectamente consciente de que como industria, la industria de cine mexicano si es un obeso mórbido flotando como bien lo representas. Esta a años luz, ya no digamos de la gringa o la hindue, sino de la francesa, argentina o española.

El otro día unos tipos en Twitter me insultaron porque les traté de explicar que "El premio" era una película MEXICANA, con lana mexicana (del estimulo cinematográfico del IMCINE), con una directora que ha vivido la mayor parte de su vida acá en México y es egresada del CCC..pero jamás lo entendieron pues argumentaban que la película estaba filmada en Argentina y actuada por argentinos.

Me parece que exactamente esa es la tendencia de una buena cantidad de películas en el mundo, lo que yo le llamaría la "trasnacionalidad". Y me parece que en esa nueva tendencia, donde Kaurismaki dirige una película finlandesa en Francia ó Kiarostami dirige una iraníe en Japón, donde el cine está comenzando a ser realmente universal, me parece que ahí, el cine mexicano (o los cineastas mexicanos para ser más precisos), han no sólo sobresalido, sino han sido puntas de lanza, pues no solo se trata de Cannes, prácticamente todos los festivales importantes del mundo han otorgado su reconocimiento a las películas mexicanas. Y eso no sucedía antes. No sucedía en la "época de oro" del cine mexicano (cuando SI era industria) o en la ridícula y pomposa denominación noventera del "nuevo cine mexicano".

Ahora sucede constantemente. Los cineastas mexicanos son valorados en TODO el mundo, y eso, de por si, ya es algo valioso y de sobra interesante y digno de análisis.

Me parece que tenemos que esperar unos añitos para ver como se desenvuelve esta tendencia. La "industria" está moribunda, cierto, pero, ¿Por qué salió del país un Nosotros los nobles metiendo millones como nunca en la historia ó una de las mejores y más innovadoras películas del siglo XXI (Post Tenebras Lux)?, ¿Por qué por primera vez en la historia dos cineastas mexicanos ganan en 2 años consecutivos el premio en Cannes al mejor director?

Me parece que las explicaciones radican en esta nueva universalidad del cine, y en la globalización real aplicada al mismo. Y ahí, me parece, que muchos cineastas mexicanos si lo están entendiendo y lo están jugando muy bien (hablo no sólo de directores como Franco, Reygadas, Markovitch ó Escalante, si no también de "productores" como Alazkraki)

¡Saludos!

@diegoruvalcaba

Anónimo dijo...

Ojo, entre tanta reflexión sobre si el cine mexicano atraviesa o no por una etapa creativa, no puedo dejar de lado no profesión ja ja ja. Hay que recordar el aspecto histórico del cine mexicano, que considerando todo lo que han hecho los políticos para desmantelar la industria nacional, es un gran logro que en la actualidad todavía podamos disfrutar de películas hechas en México.

Fando dijo...

Diego, pues mira, la verdad es que no podemos catalogar a esta época como una "buena etapa" del cine mexicano, precisamente porque los que están haciendo cosas valiosas son apenas el 1% de las producciones que anualmente se hacen en el país, es decir, son anomalías en el rumbo que lleva la industria fílmica mexicana.

Por otro lado, coincido completamente en la universalidad de ese cine mexicano que ha destacado en el último lustro alrededor del mundo y, por supuesto, la celebro.

En cuanto a la influencia del gobierno en el cine creo que eso es algo que en mayor o menor medida ha quedado prácticamente superado, o al menos disminuído bastante, a pesar de casos como el de 'Presunto Culpable', precisamente porque ahora puede financiarse una película con recursos que no son exclusivamente otorgados por el estado.

Un fuerte abrazo.