lunes, 2 de diciembre de 2013

Quebranto (2013)

Desde la famosa Llegada del tren a La Ciotat, filmada por los hermanos Lumière, el género documental se ha manifestado como una presencia constante dentro de la creación cinematográfica que, más de un siglo después, ha dejado un legado de incontables obras trascendentales, recordadas con veneración hasta nuestros días. A pesar de lo anterior, es notable cómo en la última década el cine documental ha sufrido un conjunto de cambios que, de forma gradual, lo han hecho alejarse de su condición de herramienta expositora de datos duros sobre temas diversos, en pos de buscar un mayor involucramiento emocional por parte del espectador, mediante el uso de técnicas narrativas propias del cine de ficción.

Es en ese afán por crear un desarrollo interesante que el género documental ha comenzado a coquetear, ahora más que nunca, con la idea de manufacturar realidades modificadas o completamente alteradas, utilizando como base los datos veraces asociados a una determinada historia, de forma que se consiga involucrar al espectador en tramas que, si se contaran mediante una narrativa tradicional, serían percibidas por el público como anécdotas simples e intrascendentes.

Es ahí donde radica la habilidad del documentalista moderno y, en el caso que nos ocupa, del director mexicano Roberto Fiesco, quien en Quebranto consigue equilibrar, dentro de una historia que resulta por demás interesante, los elementos de ficción narrativa y exposición veraz, para dar como resultado una experiencia en muchos aspectos sobresaliente.

El filme relata la historia de Fernando, un exitoso actor infantil durante la década de los setenta, el cual comienza su carrera imitando a personalidades del mundo de la música, para luego incursionar como niño actor en los legendarios estudios Churubusco. El pequeño, que asume su homosexualidad desde temprana edad, decide en la juventud relegar por completo su masculinidad para convertirse en esa mujer que siempre había deseado ser, desatando un giro vital que, como podrán imaginar, es el núcleo narrativo del documental.

Quebranto, sin embargo, no sólo es el relato de los procesos psíquicos y físicos por los que Fernando García, el actor, tuvo que pasar para convertirse en Coral Bonelli, la cabaretera, sino que además, e incluso por encima de lo anterior, es una intensísima historia de amor, odio y dependencia, centrada en la relación de Coral con su madre, una anciana actriz que vuelca en su hijo(a) todas sus esperanzas artísticas frustradas, que sufre intensamente por su decisión de convertirse en mujer, y que al mismo tiempo carga con el hecho de haber predeterminando desde su infancia lo que habría de ser su sino final.

A pesar de lo llamativa que pueda resultar la premisa del documental por sí misma, Quebranto sobresale por su cuidadosa planificación tanto en cuestiones de guión como de montaje, aspectos desarrollados por Roberto Fiesco en colaboración con el también director cinematográfico Julián Hernández, que dan lugar a una virtuosa puesta en escena, la cual establece un juego constante entre las entrevistas con los protagonistas de la cinta, siempre inmersas en la más descarnada realidad, y el conjunto de extraordinarios números musicales en los que madre e hijo(a) exorcizan una gran parte de sus demonios, se regodean en la añoranza de sus días de gloria, y se vuelven, hasta cierto punto, actores de su propia ficción.

Conmovedora, intensa casi hasta el punto de la incomodidad, y con momentos de extraordinaria belleza visual, cortesía de la gran intuición de Fiesco y de su director de fotografía, Mario Guerrero, Quebranto es uno de los grandes documentales del 2013. Una obra que a pesar de su modesta distribución ha comenzado a generar algo de ruido en los circuitos donde ha sido exhibida, y que espero sea partícipe, en un futuro no muy lejano, de un éxito mucho mayor.

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