martes, 10 de junio de 2014

L'inconnu du lac (Stranger by the Lake) (2013)

La soledad ha sido una fiel compañera del hombre a través de su efímero paso por la tierra. Causa y efecto de la introspección, este comportamiento mediante el que un individuo se distancia de su conglomerado social, ha funcionado como uno de los principales catalizadores del pensamiento científico y artístico a lo largo de la historia de la humanidad. Ya sea por factores como el desarrollo tecnológico, el frenetismo de la vida moderna, o por un simple replanteamiento de los cánones sociales, el hombre moderno ha visto incrementados sus niveles de soledad, llevándolos a territorios cada vez más extremos que, en vez de fomentar un pensamiento introspectivo, muchas veces terminan por ser fuente de comportamientos neuróticos o profundamente  depresivos.

Por otro lado, la aparente imposibilidad del hombre contemporáneo para relacionarse sentimentalmente sin ayuda de la tecnología, ha dado lugar a una búsqueda eterna, frenética y obsesiva por satisfacer sus necesidades sexuales. El universo de posibles parejas ya no se reduce al entorno inmediato del individuo, a las casas que lo rodean o a la oficina que funciona como su segundo hogar. El hombre moderno tiene a su disposición la falaz posibilidad de contactar mediante un azaroso click a la mujer o al hombre de sus sueños, oculto(a) en un universo prácticamente infinito de posibilidades. La imposibilidad de encontrar pareja en ese gigantesco bufet de fotografías de hombres y mujeres atractivos no sólo es emocionalmente desgastante, sino que además ha contribuído a sobreexcitar la necesidad de la búsqueda constante de amor y sexo.

Stranger by the Lake es un interesante acercamiento a ese mundo obsesionado con el desencanto amoroso y con la desesperada búsqueda del encuentro sexual. Dirigida por el francés Alain Guiraudie, el filme retrata el día a día de una pequeña playa lacustre reservada para la práctica de sexo al aire libre (cruising). Al llegar el verano, decenas de hombres homosexuales llegan a la pequeña playa para buscar sexo con desconocidos. Las historias y los gustos compartidos poco importan, el objetivo aparente es el placer puro y sin añadiduras, el placer personal, egoísta y, a final de cuentas, profundamente solitario. Sin embargo, a pesar de esa liberalidad y esa pretendida madurez emocional, la esperanza del "amor verdadero" siempre está irremediablemente presente, radicando ahí la suprema tragedia.

Franck estaciona su auto todos los días a unos metros de la playa. La rutina es clara, y al llegar al lugar sólo puede pensar en encontrar a alguien a quien penetrar en los arbustos. Franck, interpretado por Pierre Deladonchamps, conoce al hombre de sus sueños, a quien da vida el estupendo Christophe Paou, quien por desgracia acude a la playa custodiado por su pareja; y a un hombre heterosexual que pasa los días sentado en una zona apartada de la playa, con quien entabla una profunda amistad, hasta que un buen día alguien es asesinado y la desgracia comienza a jugar su papel.

Filmada con gran sobriedad a través de la lente de la fotógrafa Claire Mathon, Stranger by the Lake se esfuerza por tener una estética parca y deslavada, con colores pálidos y puestas en escena que parecieran pensadas con el propósito de parecer ordinarias (véase la primera secuencia en la que arriba el auto del protagonista al estacionamiento, imagen maravillosamente antiestética que recuerda en su espíritu a la toma inaugural de Caché, de Michael Haneke). La propuesta, por demás arriesgada, en ocasiones también presenta algunos momentos de intencional belleza, ejecutados con maestría (véase la larga toma del asesinato o algunos de los encuentros sexuales, casi oníricos).

Es el argumento el principal acierto y el principal problema de Stranger by the Lake, el cual aborda temas de gran complejidad emocional con mucha fortuna en los primeros tres cuartos del metraje, pero termina por caer en excesos conceptualmente simplones en su conclusión, transformando un relato poderoso, polémico, generador de debate y brillantemente descriptivo, en un innecesario thriller que fracasa rotundamente en su segmento final.

A pesar de lo anterior, la propuesta de Guiraudie es disfrutable y funciona como una buena introducción a cualquier debate sobre la soledad, la sexualidad y el poco alentador futuro emocional del ser humano.


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