jueves, 26 de junio de 2014

M.A.S.H. (1970)

Como caso de estudio, el humor puede resultar un tema apasionante y de gran complejidad. Por un lado, el ser humano parece anclado de forma inevitable a un humor visceral, casi instintivo, ligado a situaciones que excitan mecanismos sumamente elementales dentro de su cerebro (no es difícil imaginar a un cavernícola riendo por la caída de uno de sus compañeros a un lodazal), sin embargo, existe otra parte de la apreciación humorística del hombre que se relaciona directamente con su entorno social y con el periodo histórico que le toca vivir. No sólo el humor referencial de la época Victoriana es por obvias razones diferente al estadounidense de los años setenta, sino que éste último es completamente diferente al de los años ochenta, y así hasta nuestros días. A diferencia del humor instintivo, el referencial muta de forma vertiginosa, envejeciendo con gran rapidez a las obras que abusan de él.

M.A.S.H., la celebrada comedia bélica del polifacético director norteamericano Robert Altman, sobre un grupo de cirujanos ubicados en un campamento militar norteamericano durante la guerra de Corea, es un claro exponente de la dificultad asociada a crear una comedia que funcione con frescura más de un par de décadas después de su estreno.

Celebrada ni más ni menos que con la Palma de Oro en el festival de Cannes, y nominada a cinco Oscar, el filme de Altman, protagonizado por Donald Sutherland, narra la forma en la que un grupo de cirujanos militares, varados en un campo al que constantemente llegan heridos al borde de la muerte, sobreviven a los horrores de la guerra gracias a su peculiar irreverencia y humor.

Con un elenco estelar que incluye a Robert Duvall, Elliott Gould, Tom Skerritt, David Arkin, etc. el filme se recrea en un humor de picaresca, moderadamente sexual, que al analizarse más de cuatro décadas después ante los ojos del público moderno, naufraga en la más penosa obviedad humorística.

"M.A.S.H. is what the new freedom of the screen is all about!", rezaba la frase publicitaria del póster del filme, dejando en claro que la película de Altman pretendía constituir un hito de libertad sexual e ideológica, un claro alejamiento de la solemnidad fílmica asociada a la guerra, y un intento por tratar de empujar los límites de la censura dentro del cine comercial. Sin embargo, la cinta en realidad no funge históricamente como un instrumento de liberación o como un manifiesto anticensura, ya que Altman simplemente se monta en la verdadera revolución que habían generado años antes obras como The Graduate, o la excelente Midnight Cowboy, primer filme para adultos ganador del Oscar a mejor película.

Simple comedia de enredos que en ocasiones maneja un humor casi de pastelazo, M.A.S.H. es hasta nuestros días reconocida como una de las grandes cintas de Robert Altman, arropada por ese espejismo de significancia que le dieron la Palma de Oro y el momento histórico en el que fue estrenada, sin embargo, al desnudarla y verla con espíritu crítico, M.A.S.H. es una de esas películas que deben almacenarse en el catálogo de la filmoteca con un letrero de advertencia que diga "Ahórresela".

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