viernes, 3 de junio de 2016

Hush (2016)

Una buena premisa es suficiente, y en la mayoría de los casos es todo lo que tenemos, para decidir el pago de una entrada de cine. Es a partir de este hecho incontestable que se evidencia el valor de los trailers –muchas veces más disfrutables y espectaculares que las propias películas– y de las campañas publicitarias en la industria del cine contemporáneo. Hush, la más reciente película del cineasta norteamericano Mike Flanagan, especializado en el género de terror y responsable de la nada despreciable Oculus, es un gran ejemplo de lo que constituye una buena premisa: una exitosa escritora sordomuda se retira a una cabaña para escribir su nueva novela, sin contar con que un demente enmascarado irrumpirá en el lugar para aterrorizarla y tomar ventaja, desde la crueldad más absoluta, de su incapacidad auditiva y fonética.

Dos minutos de trailer nos presentan el encuentro de la protagonista con el psicópata, y el horror asociado a la incapacidad de poder escuchar de dónde viene el peligro. El asesino puede estar detrás tuyo, riéndose, cuchillo en mano, mientras tu cerebro te asegura que estás completamente solo en la habitación. ¿Ganas de ver un filme de horror que juegue con esa premisa?: por supuesto.

Justo después de ver el mencionado trailer imaginé la maravillosa experiencia de una película de horror silente, sin diálogo alguno, y con algún subtitulado mínimo de lenguaje de señas para contextualizar al espectador. Una cinta que nos sumergiera por completo en el horror de un ecosistema mudo, y en la que a través de los viajes de la cámara se fuera descubriendo, primero de forma sutil y luego desde la más abyecta brutalidad, la situación de acoso y horror a la que está sometida la protagonista.

Soñar no cuesta nada, sin embargo sorprende el método narrativo tan tradicional que Flanagan escoge para ejecutar el relato que coescribió junto a su esposa: la también protagonista del filme, Kate Siegel. Desaprovechadas quedan a lo largo del metraje la miríada de situaciones aterradoras que podrían devenir del juego con la sordera de la protagonista, convirtiéndose la película en una mera cacería que poco tiene que ver con la discapacidad sobre la que se debiera erigir toda la inventiva del filme.

Un asesino poco interesante y monocromático se enfrenta a una protagonista que inicialmente se presenta como una escritora brillante –tiene que escoger entre siete finales igualmente sobresalientes para la novela que está escribiendo– pero que termina resolviendo cada obstáculos que se le presenta en la peor forma posible, convirtiendo al relato en un franco desperdicio de ideas que podrían haberse ejecutado con mucha mayor pericia e inteligencia.

Por otro lado, el diseño sonoro, que debiera ser un personaje más en una obra con estas características, apenas se permite entrar una vez –y de forma inconsecuente– dentro del mundo silencioso de la protagonista, resolviéndose el resto del metraje mediante una edición sonora ejecutada correctamente, pero sin mayor imaginación.

Oportunidad flagrantemente desperdiciada, Hush es un filme que fracasa en su intento por cumplir las expectativas de una premisa por demás interesante y termina como un ejercicio narrativo convencional de gato contra ratón, que se desarrolla en todo momento desde los giros más previsibles del género, y que pareciera sacrificar conscientemente la profundidad en el desarrollo de sus personajes, para proveer una experiencia sensorial que termina por ser igualmente simplona y superficial. Una verdadera lástima.

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