martes, 23 de agosto de 2016

10 Cloverfield Lane (2016)

En la era de las rimbombantes sagas superheroicas, cuyo frenetismo visual es capaz de mantener ocupada –hipnotizada es tal vez la palabra más adecuada– a la mente del espectador promedio mediante formulaicas dosis de estallidos, pantagruélicas secuencias de destrucción masiva, e historias minimalista –por no decir inexistentes– se ha vuelto cada vez más difícil encontrar ejemplos de estudios hollywoodenses que, además de producir las siempre necesarias cintas multimillonarias de hombres en mallas, apuesten también por la noción de que el consumo de masas no necesariamente está peleado con producciones que dependen más de un argumento que de una pantalla verde.

Es por lo anterior que da gusto ver casos como el de 10 Cloverfield Lane, modesta película que tuvo su génesis en el 2012 con The Cellar: guión escrito por Josh Campbell y Matt Stuecken, que fue abriéndose camino hasta finalmente ser adquirido por Paramount Pictures y su productora filial Bad Robot, especializada en filmes de bajo presupuesto. Dos años después, y con un presupuesto de cinco millones de dólares, que finalmente crecería hasta quince, los productores dieron luz verde al proyecto, renombrándolo 10 Cloverfield Lane en un intento por aprovechar las similitudes atmosféricas que tenía con el también exitoso filme de ciencia ficción Cloverfield, para venderlo al público como un blood relative de éste a pesar de sus marcadas diferencias argumentales.

Una mujer se estrella en la carretera y amanece en un refugio subterráneo donde un hombre  –estupendo John Goodman– le revela que los extraterrestres han invadido la Tierra, erradicando en el proceso a la humanidad mediante la liberación de un gas tóxico que les impide volver a la superficie. La incomprobable historia, que mantiene en cautiverio a la protagonista, a su captor/salvador y a un joven ex empleado de Goodman, se acepta como dogma y se convierte en el centro de la rutina y de las discusiones de un grupo de seres humanos condenados al aislamiento voluntario. Poco más se puede o se debe decir de un filme que confía profundamente en el elemento de la sorpresa.

El director norteamericano Dan Trachtenberg se estrena con un largometraje narrativamente interesante, plagado de sutilezas, de secretos, de engaños, y de una perenne incertidumbre que sumerge al espectador en un pantano de teorías incomprobables, cuya resolución viene desde lo inesperado, a través de un delirante despliegue del más puro sci-fi.

10 Cloverfield Lane es un filme sencillo pero bien ejecutado, que se construye en torno a las capacidades histriónicas de su elenco; un duelo entre Goodman, Mary Elizabeth Winstead y John Gallagher, que recupera el gusto por el diálogo en el cine de género, y que prueba que las películas de entretenimiento masivo no necesariamente deben apoyarse con tanta obsesividad en su aspecto visual.

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