lunes, 21 de noviembre de 2016

Busanhaeng (Train to Busan) (2016)

Creo que la última vez que salí genuinamente emocionado de una sala de cine tras ver una película de zombis fue hace casi catorce años con 28 Days Later, la última gran cinta de Danny Boyle (no, Slumdog Millionaire no es tan buena), y la película de zombis a la que le debemos esa oleada de productos sobre no-muertos que apenas está llegando a su fin. Oleada de la que tal vez lo único rescatable sea la cinta española Rec, que a pesar de su nulo desarrollo narrativo fue una experiencia de supervivencia verdaderamente frenética y aterradora.

Es por lo anterior que Train to Busan funciona como una gloriosa anomalía dentro de un género que durante la última década ha vapuleado a sus fanáticos con productos tan insípidos como The Walking Dead o World War Z. El filme, dirigido por el joven Sang-ho Yeon –responsable de la enigmática cinta animada The Fake– forma parte del subgénero zombi de los "infectados", ubicando su narrativa en el interior de un tren que es abordado por un pasajero inoculado con una misteriosa enfermedad que vuelve irracionalmente violentos a sus portadores. El infectado, como era de esperarse, desata la infección en carros enteros del tren mediante sendas mordidas, obligando al resto de los carros a elaborar estrategias de supervivencia mientras el tren sigue moviéndose a toda velocidad rumbo a la ciudad de Busan.

Reminiscente de la narrativa lineal de Snowpiercer, en la que un grupo de héroes debe moverse de carro infestado en carro infestado para sobrevivir, y utilizando a los zombis iracundos y veloces de 28 Days Later, Sang-ho construye un filme que además de erigirse como estupenda cinta de acción –literalmente no hay un sólo segundo de pausa y prácticamente todas las secuencias están diseñadas para arañar la butaca– presenta una entrañable historia de amor filial entre el hombre que funge como cabeza de un fondo de inversión multimillonario y su pequeña hija, que como podrán adivinar se encuentra relegada a un lugar secundario en las prioridades de su workahólico padre.

Sang-ho retoma todos los elementos clásicos del Apocalipsis zombi para construir una historia simple pero profundamente efectiva, cuya moraleja, aunque existente, evidente, y por momentos predeciblemente lacrimógena, trata de alejarse lo más posible de la sensiblería burda para desarrollar con paciencia los vínculos que unen a cada uno de los personajes. Vínculos que definen y motivan sus acciones dentro de la desaforada carnicería que los rodea.

Estrenada junto a una precuela animada de hora y media también escrita y dirigida por Sang-ho, Train to Busan se convirtió de inmediato en uno de los filmes surcoreanos más taquilleros de la historia, y en la primera película de zombis en más de diez años que estaría dispuesto a ver por segunda vez. Créanme: eso no es poca cosa.

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