jueves, 26 de enero de 2017

13th (2016)

Pocas temáticas sociales acaparan con tanta intensidad los reflectores mediáticos estadounidenses como los conflictos raciales. Ya sea propiciados por los grandes movimientos migratorios o por la discriminación asociada a prejuicios profundamente arraigados dentro de la sociedad, el racismo es un tema que seis décadas después del célebre acto de rebeldía de Rosa Parks continúa siendo un problema penosamente vigente, no sólo en la mal llamada tierra de las oportunidades, sino en el mundo entero.

El conflicto racial estadounidense es tan doloroso y ha cobrado tantas vidas que analizarlo de forma objetiva se ha convertido en una tarea casi imposible. Los panfletos derechistas que achacan a negros y latinos la grotesca trinidad de la violencia, la pobreza y la ignorancia, encuentran su contraparte en la propaganda radical carente de autocrítica, que sobrevictimiza a la negritud y encasilla a los blancos como despiadados opresores, carentes de empatia y enfermos de poder, cuyo único objetivo es el genocidio de cualquiera que porte un tono de piel medianamente oscuro.

Es por lo anterior que inicialmente tomé con reservas el anuncio de un documental filmado por Ava Duvernay –cineasta afroamericana celebrada por su crónica ficcionada de la campaña de Martin Luther King en Selma– cuyo propósito era desmenuzar la perjudicial orientación del sistema carcelario norteamericano en contra de la comunidad afroamericana.

Por fortuna Duvernay consigue durante hora y media de metraje crear un filme extraordinario que desmenuza –haciendo gala de una lucidez y una metodología lógica impecables– los mecanismos que desde la guerra de secesión guiaron a esa gigantesca fuerza laboral afroamericana, que súbitamente pasó de iletrada y esclavizada a iletrada y libre, rumbo a formas alternativas de explotación encubierta y socialmente aceptada.

Durante todo el filme Duvernay se rehúsa a caer en el cliché del victimismo fácil, sustentando su narrativa mediante un profundo análisis semiótico de la negritud, que arranca con las representaciones visuales de ésta en obras trascendentales como The Birth of a Nation, de Griffith, para posteriormente exponer de forma didáctica, pero en ningún momento condescendiente, una gigantesca red de explotación ensamblada por intereses gubernamentales, tolerada por una negritud que nunca logró sobreponerse a sus inicios esclavistas, y alimentada por un racismo sistémico que a pesar de haber logrado atenuarse durante ciento cincuenta años sigue profundamente vigente.

De factura impecable, 13th mezcla entrevistas a expertos y activistas del movimiento afroamericano, con un impactante compilado de grabaciones históricas sobre el tema, y una estupenda banda sonora a cargo del jazzista Jason Moran, que se adereza de forma inmejorable con canciones de Nina Simone, Public Enemy, Nas, etc.

Testimonio indispensable no sólo para entender el trasfondo de movimientos como el reciente Black Lives Matter, sino para comprender los mecanismos que motivan y se aprovechan del racismo, 13th es uno de los documentales más sobresalientes que nos legó el 2016 y otro triunfo irrefutable para la productora cinematográfica de NETFLIX.

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