lunes, 25 de junio de 2018

Lucky (2017)

En la secuencia que los guionistas Logan Sparks y Drago Sumonja diseñaron para fungir como clímax filosófico de Lucky –la última película del ahora inmortal actor Harry Dean Stanton– el protagonista, un anciano que tras un desmayo inexplicable replantea su cada vez más inevitable encuentro con la muerte, declama "La única verdad es que todos desapareceremos...". Las palabras rebotan en los muros de un bar enmudecido, y en las caras de los comensales se refleja la clásica veneración que Hollywood profesa a los aforismos burdos que se declaman con tono suficientemente pausado. Stanton continúa su monólogo "al final nos perderemos en la oscuridad y en el vacío", y súbitamente la dueña del bar le pregunta "¿Y qué haces ante eso?". Los delgados labios del protagonista de Paris Texas, Repo Man, Alien, y muchas más, se curvan ligeramente: "Sonreír". Esa escena de tremenda obviedad disCURSIva es el diálogo con el que se despide uno de los actores más enigmáticos y sobresalientes del siglo XX. Imposible perdonarle a un director algo así.

Construida en clave de simplón-indie-drama, Lucky es una película que sostiene el insondable cúmulo de obviedades y cursilerías inspiracionales que la componen gracias a la potencia de su actor protagónico: un Harry Dean Stanton que al final del día consigue rescatar con una voz profunda y agotada; con una figura cadavérica que no sólo es bella sino hipnótica; y con una expresividad facial que precisamente llega a su punto más entrañable en el horrendo monólogo que ya describí, a un filme modestamente dirigido y torpemente escrito.

Poco más se puede decir de esta pieza de cine fragmentado que tiene como centro narrativo la despedida de un anciano y su entorno, pero en cuyas estampas se abordan temas tan variopintos como los horrores de la guerra, la tragedia de descubrirse finito, la nobleza del pueblo latino en Estados Unidos, el conflicto entre rutina y trascendencia, y el amor de David Lynch por las tortugas, siendo este último tal vez el único rubro narrativo que en verdad se resuelve con tacto e inteligencia (a pesar de los últimos segundos del filme).

No vale la pena ahondar más en los entresijos de este desastre cuyo único logro fue recordarme la gran carrera de un actor inolvidable. Mejor busquen Paris, Texas y piquenle al botón de PLAY en su honor.

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